ESTADOS UNIDOS SE MANTENDRÁ AL MARGEN DE LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES
Por Michel Leidermann

Los estadounidenses han vuelto a votar por el cambio en Washington en las elecciones de medio término, y los republicanos se han hecho con el control de las dos Cámaras del Congreso. Pero incluso ahora, con la atención puesta en las elecciones presidenciales de 2016, no hay que esperar un gran cambio en la política exterior de Barack Obama.

En política exterior, Obama ha demostrado ser un presidente reacio a asumir riesgos. Algunos agradecen esa cautela, que consideran un prudente correctivo a los excesos de la “guerra contra el terror” de George W. Bush. Otros afirman que la resistencia de Obama a intervenir ha convertido el mundo en un lugar más peligroso. Después de casi 6 años en la Casa Blanca, Obama sabe muy bien que, haga lo que haga, siempre será criticado.

No se puede decir que Obama haya evitado por completo los conflictos. Envió más tropas a Afganistán antes de comenzar la retirada definitiva. Aprobó la participación en el ataque multinacional que acabó con la vida de Muammar el Gaddafi el Libia. Se ha pronunciado con firmeza contra las intervenciones de Rusia en Ucrania y ha impuesto sanciones a bancos, compañías energéticas y fabricantes de armas rusos. Ha ordenado bombardear a los combatientes islamistas en Irak y Siria. Durante su mandato, la Agencia Nacional de Seguridad ha espiado a enemigos, aliados y, al parecer, incluso miembros del Congreso. Los aviones no tripulados siguen arrojando bombas sobre varios países.

No obstante, Obama es mucho más conocido por su escasa inclinación a asumir costes y riesgos en el extranjero. Ya antes de ser presidente dejó claro que su propósito era no solo acabar con las guerras en Irak y Afganistán, sino evitar otras nuevas. Nada de ataques contra el presidente sirio, Bachar el Asad. Nada de tropas para Ucrania. Ni hablar de más tropas en Irak, hagan lo que hagan los combatientes del Estado Islámico. 

Ahora que comienza la larga marcha hacia las elecciones presidenciales de 2016, es posible preguntarse: ¿qué política exterior tendrá el próximo presidente? Si Hillary Clinton llegara a la presidencia, ¿seguiría los mismos pasos precavidos? Si el presidente fuera Jeb Bush, ¿recuperaría las grandes ambiciones neoconservadoras de su hermano George W.? ¿Hay algún otro candidato capaz de introducir fundamentos nuevos?

Es poco probable que el próximo presidente, ya sea demócrata o republicano, desvíe mucho al país de su rumbo actual, por dos motivos fundamentales. El primero, que, aunque cualquier candidato hará declaraciones para impresionar a los votantes, todos son conscientes de que lo que le importa al electorado estadounidense es, casi en exclusiva, la política interna y el fortalecimiento de la economía. 

El segundo, digan lo que digan los candidatos durante la próxima campaña, los dos partidos son conscientes de que la mayoría de los problemas internacionales más enconados de hoy, no tienen una solución sencilla.

En una encuesta el 2013 por Pew Research, la mayoría de los entrevistados respondió que “Estados Unidos debería dedicarse a sus propios asuntos en el ámbito internacional y dejar que otros países se las arreglen lo mejor que puedan por su cuenta. No se debe pensar tanto en lo internacional sino concentrarse más en nuestros propios problemas nacionales”,

A medida que los candidatos a la presidencia salgan a escena, es de prever oír nuevas muestras de retórica agresiva en política exterior. No nos engañemos. Durante los próximos años, Washington permanecerá al margen de los conflictos más caros y peligrosos del planeta.

 

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